Se desangra el Olivo
Boletín No. 02 — La Comuna Roja
Se desangra el Olivo
Poema
Por Delfo Acosta
Las bombas llueven sobre Gaza como un diluvio sin arca, bajo los escombros.
Londres aplaude en silencio, Bruselas balancea la balanza, y en las cúpulas de Tel Aviv se brinda con vino robado y se bendicen las balas que buscan el corazón de Palestina.
Pero el profeta no era Moisés, el milagro no era el Sinaí, y el río que se abre no es el Jordán, sino el de la sangre que no perdonará ni a los cómplices ni a los cobardes.
Porque Goliat, ciego de soberbia y metralla, ya ha sido vencido. Su derrota es la sombra de sus pasos, el eco de su propio horror. Y en cada piedra que vuela, en cada mano que resiste, en cada niño que aún canta, se escribe la victoria inevitable del pueblo de la Intifada.
Llegará el día en que los muros caerán, y el ser humano verá a su semejante, sin pasaportes ni banderas, sin dogmas que dividan ni altares que condenen. La humanidad toda será la patria, cuando entienda al fin que no hay más Dios que el de la libertad compartida, ni más tierra prometida que aquella donde no quepan fronteras, ni razas, ni cadenas que impidan su real emancipación.
Pero no habrá justicia sin quebrar la máquina del hambre, sin desmontar el trono donde el capital, insaciable y podrido, reparte guerra y miseria con sus garras imperiales.
No habrá paz mientras el amo dicte el precio del trigo, mientras el mercado sea más sagrado que la vida. No habrá redención sin la caída del ídolo de oro, sin la hoguera final donde ardan sus templos de muerte.
Y solo entonces, cuando la historia se sacuda el polvo del yugo, cuando la dignidad no tenga precio, será libre Palestina. Será libre la humanidad.
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