El Precariado: La nueva fisonomía del proletariado en la crisis del capital

Boletín No. 02 — La Comuna Roja

El Precariado: La nueva fisonomía del proletariado en la crisis del capital

Introducción a una categoría política para entender el trabajo en la fase financiera del capitalismo

«La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.» Marx y Engels, El Manifiesto Comunista (1848).

No vivimos una época de «caos» producto de una supuesta degeneración moral o de una pérdida abstracta de valores. La violencia que parece imponerse en el planeta no es una anomalía irracional; es la continuación de la política por otros medios. Es la expresión brutal y descarnada de la lucha de clases cuando la hegemonía burguesa se vuelve inoperante para contener las contradicciones sociales.

La actual fase de descomposición imperialista demuestra en los hechos que la política está concentrada por la economía. La masacre en Gaza, la guerra de procuración de la OTAN en Ucrania, los bombardeos estadounidenses y las agresiones a naciones soberanas como Venezuela no son actos de «la ley del más fuerte» al margen de la economía. Son acciones calculadas del capital monopolista transnacional para resolver sus crisis de sobreproducción, saquear recursos energéticos y defender tasas de ganancia en declive mediante la destrucción de capital y de fuerzas productivas a escala global.

Frente a esta ofensiva, la antigua «izquierda» institucional ha demostrado su verdadera naturaleza de clase. Los gobiernos de corte socialdemócrata no administran errores, administran el Estado burgués. Su función objetiva no es superar el capitalismo, sino actuar como bomberos de la lucha de clases: desmovilizar al proletariado y pretender «humanizar» un sistema que, por su lógica de extracción de plusvalía, es intrínsecamente inhumano.

Las protestas y estallidos sociales recientes son la expresión de la rebeldía de las masas, pero, carentes de una dirección revolucionaria independiente, se estrellan cíclicamente contra los límites del propio Estado burgués, logrando únicamente que la clase dominante ceda «migajas» para recomponer su hegemonía, como ocurrió fatalmente con el estallido social de Chile en 2019.

La sociología burguesa los bautizó como el «precariado», intentando separarlos de la clase obrera para fragmentar su identidad política y presentarlos como una masa amorfa, externa al sistema productivo. Desde el materialismo histórico, esto es un error categórico y una trampa política.

El precariado no es una nueva clase social, ni marca el fin de las clases. En el marxismo, la clase se define por la relación con los medios de producción, y el precariado está compuesto por individuos que, estando desposeídos de ellos, sobreviven vendiendo su fuerza de trabajo. Por tanto, es la propia clase obrera en su fisonomía actual, aunque profundamente fragmentada.

Sin embargo, es necesario hacer aquí una distinción científica vital para evitar caer en el economicismo: no todo el precariado genera plusvalía. El capitalismo financiero ha externalizado masivamente el trabajo, dando origen a un vasto sector de trabajo improductivo (repartidores de plataformas, trabajadores de comercio precarizado, servicios tercerizados) que no crea valor nuevo, sino que se limita a realizar o circular mercancías, pagándose con ganancias ya extraídas previamente.

Ambos sectores —el precariado productivo y el improductivo— comparten la misma condición de esclavitud asalariada y cumplen funciones estructurales para el capital: el primero, intensificando la extracción de plusvalía; el segundo, formando parte del ejército industrial de reserva, cuya mera existencia pauperizada presiona a la baja los salarios de toda la clase trabajadora activa.

La aparente «irracionalidad» o la dicotomía entre conciencia y realidad no es un problema de la mente humana, es un problema material de enajenación. La precarización destruye los espacios físicos de sociabilidad proletaria (la fábrica, el sindicato de base). El trabajador aislado detrás de una aplicación, compitiendo contra sus propios compañeros por un miserable subsidio, es la materialización perfecta de la alienación capitalista. Esta fragmentación material dificulta enormemente el surgimiento espontáneo de la conciencia de clase.

Comprender la realidad desde el punto de vista científico implica desentrañar las leyes objetivas del capital. El proletariado de hoy luce precarizado, atomizado y cruzado por trabajos que no siempre generan plusvalía directa.

Este análisis no busca ser académico. Busca ser una herramienta política. El precariado, en sus distintas formas, constituye hoy la principal reserva de fuerza social para la transformación revolucionaria. La tarea no es lamentarse de su fragmentación, sino construir los instrumentos políticos y organizativos capaces de convertir esa energía dispersa en poder colectivo consciente.

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