Este 8 de marzo de 2026

Boletín No. 02 — La Comuna Roja

Este 8 de marzo de 2026

No marché para ser reconocida por el poder, sino para cuestionarlo

Por Malinche Roja

Este 8 de marzo, tal vez, haya sido el más multitudinario al que haya asistido. Cada vez más se siente que la cultura patriarcal no solo está obsoleta sino constituye un serio obstáculo para mi libertad.

El 8 de marzo no es para mí una fecha ceremonial y tampoco un gesto vacío de reconocimiento.

No quiero un reconocimiento porque no hay nada que reconocer en mi condición de mujer. Es un día de lucha que me recuerda una verdad fundamental: no hay libertad posible como mujer sin la transformación radical de las relaciones sociales que sostienen esa opresión. En 2026, esta afirmación es mucho más nítida.

El capitalismo, ha demostrado una vez más su capacidad para absorber y neutralizar las demandas emancipatorias de las mujeres, transformándolas en consignas inofensivas, en marketing de inclusión, en representación sin poder real.

La opresión en que estoy como mujer no es un residuo del pasado, ni una anomalía cultural, sino una condición estructural del orden económico vigente. La familia patriarcal, lejos de desaparecer, ha sido reconfigurada para servir a las nuevas necesidades del capital: externalización del cuidado, feminización de la pobreza, flexibilización laboral presentada como «autonomía», y una falsa libertad que descarga sobre los cuerpos de las mujeres los costos de la crisis.

En este escenario, el feminismo que se limita a la representación, al lenguaje o a la inclusión en las élites administrativas no libera a las mayorías. Ni tampoco ser parte de esa libertad limitada y patriarcal. Como advertía Kollontai, no basta con que algunas mujeres asciendan si la estructura que oprime a todas permanece intacta. La pregunta central sigue siendo: ¿libertad para quién y a costa de qué?

El 8 de marzo debe recuperar su carácter de fecha de clase, de articulación entre mujeres trabajadoras, estudiantes, cuidadoras, migrantes, precarizadas, sindicalizadas o expulsadas del mundo formal del trabajo invisible que mantiene en pie a la sociedad: cuidados, reproducción social, precarización laboral, endeudamiento, doble y triple jornada.

Todo lo que hemos conquistado (el voto, el divorcio, la autonomía material, en dignidad) no han sido concesiones, sino conquistas arrancadas mediante organización colectiva, conciencia política y lucha social. Ningún derecho fue otorgado sin presión, sin costo, sin confrontación con los intereses que se beneficiaban de la desigualdad.

Hoy, cuando el discurso reaccionario avanza en nombre del «orden», la «familia» y la «seguridad», se vuelve más urgente reavivar con mayor fuerza la lucha de la mujer, devolverle su filo crítico y su horizonte transformador. Defender los derechos conquistados no es suficiente: debemos disputar el sentido de la sociedad que se nos impone.

La emancipación de las mujeres exige:

1°. Autonomía material garantizada colectivamente. 2°. Socialización del trabajo de cuidados. 3°. Derechos laborales plenos y organización sindical efectiva. 4°. Educación crítica y acceso real a la cultura. 5°. Participación política que no sea decorativa, sino decisoria.

Este 8 de marzo de 2026 no marché para ser reconocida por el poder, sino para cuestionarlo. No para pedir permiso, sino para afirmar que otro orden social es necesario y posible. Uno donde la vida esté en el centro y no el lucro; donde la igualdad no sea un discurso, sino una práctica material.

No quiero ser esclava del amante, de los hijos y del sexo. No quiero ser la que sirve los platos a un marido y sus amigos. No quiero que mis hijos trunquen mi libertad. No quiero tener sexo para sobrevivir o por un interés determinado. No quiero ser objeto de nadie para que me usen cuando les plazca.

Quiero ser libre para crear y producir según mis capacidades en beneficio de la sociedad. Quiero que mis hijos se críen bajo los cuidados y responsabilidad de los que son mejor preparados que yo. Quiero el amor libre donde el sexo sea un acto de placer y afecto recíproco. Quiero ser un sujeto pensante, creador y con sentimiento de toda la sociedad.

Maldigo a los que quieran impedir mi lucha revolucionaria.

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